🗞️#11 AGENDA SEMANAL DE TRUMP
Las reglas globales empiezan a moverse.
En los eventos más importantes de esta semana:
La Board of Peace: la nueva arquitectura global de Trump
Trump y Groenlandia: la línea roja transatlántica
Trump y China: ¿el año de la diplomacia entre potencias?
1. La Board of Peace: la nueva arquitectura global de Trump
Esta semana, Donald Trump llevó su agenda internacional a uno de los escenarios más simbólicos del poder global: el Foro Económico Mundial de Davos.
Allí, el 22 de enero de 2026, presentó oficialmente la Board of Peace, una iniciativa que aspira (según sus propias palabras) a convertirse en uno de los organismos internacionales más importantes jamás creados.
Traducida habitualmente como Junta o Consejo de la Paz, la Board of Peace se define como un organismo supranacional, con el objetivo declarado de promover estabilidad, restaurar gobiernos legítimos y asegurar paz duradera en zonas de conflicto.
Aunque su origen está claramente vinculado a Gaza y Medio Oriente, su estatuto evita mencionar un territorio específico, dejando abierta la puerta a un mandato mucho más amplio y global.
Ahora bien, ese detalle no es menor: desde el primer día, Trump ha querido que este organismo no sea percibido como una solución puntual, sino como una alternativa estructural al multilateralismo tradicional.
📍 Davos como escenario (y mensaje):
Como de costumbre, el lanzamiento no fue discreto.
Trump encabezó una ceremonia formal de firma en Davos, rodeado de representantes de cerca de 19 países, entre ellos Argentina, Arabia Saudita, Hungría, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia y Jordania.
Pero tan importante como quiénes estuvieron… Fue quiénes no.
Varias potencias occidentales clave: Reino Unido, Francia, Alemania, Noruega, decidieron no participar o directamente rechazaron sumarse.
Aun así, Trump no suavizó el discurso.
En su intervención afirmó que la Board of Peace podría trabajar junto a la ONU o incluso reemplazarla en ciertas funciones, una frase que encendió alarmas diplomáticas casi de inmediato.
El mensaje fue inequívoco: Trump no busca reformar el sistema actual desde dentro, sino crear uno nuevo bajo liderazgo estadounidense.
🌍 ¿Por qué esta iniciativa aparece ahora?
La Board of Peace no surge de la nada.
Su origen se remonta a 2025, como parte del plan de la administración Trump para cerrar el conflicto en Gaza tras más de dos años de guerra entre Israel y Hamas.
Desde la Casa Blanca, el argumento es recurrente: las instituciones multilaterales tradicionales han sido lentas, burocráticas e ineficaces para resolver conflictos prolongados.
Según Trump y su entorno (incluidos Jared Kushner y el secretario de Estado Marco Rubio) el mundo necesita un “consejo de acción”, no solo de deliberación.
La idea es combinar:
Mediación política,
Reconstrucción post-conflicto,
Desmilitarización,
Y rehabilitación económica,
Todo bajo una lógica más cercana al pragmatismo, la inversión privada y el libre mercado que a la diplomacia clásica.
🤝 Estructura, dinero y poder
Uno de los aspectos más polémicos del nuevo organismo es su diseño interno.
El estatuto establece que:
Donald Trump será el primer chairman, concentrando el liderazgo político y estratégico.
Para ser miembro permanente, cada país debe aportar USD 1.000 millones, una cifra que ha sido interpretada como una “membresía premium” para financiar operaciones y proyectos.
Más de 50 países han sido invitados, aunque muchos aún deliberan o ya han declinado.
El enfoque financiero ha generado fricciones incluso entre potenciales aliados. Trump llegó a retirar la invitación a figuras como Mark Carney, exgobernador del Banco de Canadá, tras críticas públicas sobre la legitimidad y estructura del consejo.
Un indicio temprano de que la Board of Peace no estará exenta de tensiones internas.
🧩 La Board of Peace dentro de la agenda Trump
Nada de esto es aislado.
La Board of Peace encaja con una estrategia más amplia de Trump que busca:
Gestionar el conflicto en Gaza bajo nuevas reglas,
Presionar a aliados tradicionales,
Y posicionar a Estados Unidos como el núcleo de una nueva arquitectura global, menos dependiente de organismos heredados del siglo XX.
Más que un simple organismo, es un experimento geopolítico que podría redefinir cómo se gestiona la paz… O profundizar las grietas del orden global existente.
2. Trump y Groenlandia: la línea roja transatlántica
En las últimas dos semanas de enero, la administración Trump reactivó una de las controversias geopolíticas más sensibles de su segundo mandato:
La presión directa para que Estados Unidos obtenga mayor control (e incluso soberanía parcial) sobre Groenlandia, el territorio ártico semiautónomo que forma parte del Reino de Dinamarca y, por tanto, del núcleo de la OTAN.
Lo que podría haberse quedado en una negociación discreta se convirtió rápidamente en un choque frontal con Europa, con amenazas comerciales explícitas y un ultimátum que puso en tensión a toda la alianza atlántica.
📌 El estallido: aranceles como palanca política
Trump fue directo.
Anunció que impondría aranceles del 10 % a partir del 1 de febrero de 2026 a las importaciones procedentes de ocho países europeos: Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia, si no aceptaban sentarse a negociar un acuerdo sobre Groenlandia.
La tasa, advirtió, podría subir al 25 % en junio si no se alcanzaba un convenio.
La justificación fue la ya habitual en su narrativa: seguridad nacional.
Según Trump, Groenlandia es clave por su posición estratégica frente a Rusia y China, por su riqueza en recursos críticos y por su rol en la defensa del hemisferio norte.
🤝 Marcha atrás y “marco de acuerdo”
El momento clave llegó cuando Trump canceló la entrada en vigor de los aranceles apenas días antes de su aplicación.
En su lugar, anunció haber alcanzado con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, un “marco de entendimiento” para explorar un futuro acuerdo sobre Groenlandia.
El cambio evitó una escalada inmediata pero, como es de esperarse, no disipó las dudas.
Más que un acuerdo cerrado, se trata de una fórmula para ganar tiempo, reducir la confrontación directa y trasladar la discusión al terreno diplomático, sin renunciar al objetivo estratégico de fondo.
🧭 Por qué Groenlandia es tan sensible
La crisis no gira solo en torno a una isla remota. Groenlandia se ha convertido en un activo estratégico de primer orden.
Su ubicación en el Ártico es clave para vigilancia, rutas marítimas emergentes y defensa frente a Rusia y China.
Posee minerales críticos y tierras raras cada vez más valiosos para tecnología, energía y defensa.
Alberga la base de Pituffik (Thule), una pieza central del sistema de defensa antimisiles estadounidense.
Trump ha ido un paso más allá, sugiriendo que EE. UU. podría aspirar no solo a mayor acceso militar, sino incluso a soberanía sobre las zonas donde se ubican infraestructuras estratégicas.
Para Europa, ese planteamiento cruza una línea roja
💼 Impacto económico y de mercado
Aunque los aranceles no llegaron a aplicarse, la amenaza fue suficiente para alterar expectativas.
Los mercados tienden a penalizar escenarios de tensión comercial entre grandes bloques económicos, justo como lo estamos viendo en estos momentos.
La revisión de acuerdos comerciales y la posibilidad de represalias introducen fricción en cadenas de suministro ya integradas.
Empresas e inversores ahora descuentan un mayor riesgo político y regulatorio en las relaciones transatlánticas.
Instituciones multilaterales ya habían advertido que una escalada comercial entre potencias tendría efectos negativos para el crecimiento global.
Este episodio lo volvió a poner sobre la mesa.
Por ahora, el conflicto no derivó en aranceles efectivos.
Pero el simple hecho de que ese escenario fuera planteado ya ha cambiado conversaciones estratégicas en gobiernos, empresas y mercados.
Y eso, en geopolítica, rara vez es neutral.
3. Trump y China: ¿el año de la diplomacia entre potencias?
En medio de tensiones con Europa y experimentos de nueva gobernanza global, Trump introdujo esta semana otro movimiento clave en el tablero internacional: la confirmación de una visita oficial a China en abril de 2026 para reunirse con el presidente Xi Jinping.
La agenda no termina ahí.
Trump también adelantó que Xi visitaría Estados Unidos hacia finales de 2026, y altos funcionarios de ambos países hablan de hasta cuatro encuentros bilaterales durante el año.
Para la relación entre las dos mayores potencias del mundo, es un ritmo inusualmente intenso.
Eso sí, con un matiz importante: Pekín aún no ha confirmado oficialmente fechas ni logística, aunque sí ha reconocido la intención de fortalecer el diálogo. En diplomacia, ese detalle importa.
🧭 Por qué esto no es “una visita más”
Estados Unidos y China no son solo dos países dialogando.
Son las dos economías más grandes e interdependientes del planeta.
A pesar de años de fricciones:
China sigue siendo un proveedor manufacturero clave para EE. UU.
EE. UU. es un mercado crítico para exportaciones chinas, desde manufactura hasta servicios.
Ambos compiten (y a la vez dependen) en sectores estratégicos como semiconductores, inteligencia artificial, telecomunicaciones y energía.
Cuando el diálogo entre Washington y Pekín se enfría, el impacto se siente en cadenas de suministro, mercados financieros y flujos de capital.
Cuando se reactiva, la incertidumbre global suele reducirse.
Por eso, esta agenda diplomática tiene más peso del que aparenta.
📊 Antecedentes recientes: alivio sin solución estructural
El anuncio no llega en el vacío.
En 2025, Trump y Xi ya habían tenido encuentros clave, especialmente al margen de la cumbre de APEC en octubre.
En esas reuniones:
Se pausaron temporalmente algunas tensiones comerciales.
China amplió compras agrícolas (como soja).
EE. UU. moderó ciertos aranceles extremos.
Ambas partes acordaron alivios puntuales en restricciones sobre materias primas críticas.
Pero nada de eso fue un acuerdo estructural profundo. Fueron puentes, no soluciones definitivas.
Y ese es el contexto en el que ahora se plantea un ciclo diplomático mucho más intenso.
📌 Qué estará realmente sobre la mesa
Aunque el tono será diplomático, los temas son todo menos ligeros:
Comercio y aranceles: posibles reducciones graduales o acuerdos sectoriales para evitar una nueva guerra comercial.
Tecnología y chips: controles de exportación, acceso a minerales críticos y liderazgo en IA y computación avanzada.
Cadenas de suministro: manufactura avanzada, baterías, energía limpia y dependencia mutua.
Seguridad y geopolítica: Taiwán, Mar del Sur de China y el equilibrio de poder en Asia-Pacífico, tratados con cuidado para evitar escaladas.
Nada de esto se resuelve en una sola reunión, pero el hecho de que se hable de forma recurrente ya es una señal.
💼 Qué miran los mercados
Para inversores y empresas, esta diplomacia tiene efectos concretos:
Reducción de riesgo geopolítico si el diálogo se mantiene fluido.
Mayor apetito por activos de riesgo, especialmente en mercados emergentes y sectores ligados al comercio.
Impacto potencial en monedas, con menor presión defensiva sobre el dólar si baja la aversión al riesgo.
Más estabilidad para sectores como tecnología, industria y agricultura, altamente expuestos a la relación bilateral.
Incluso sin acuerdos firmes, la expectativa de diálogo ya modifica escenarios base en modelos de riesgo.
Y para los mercados, lo importante no es el viaje en sí, sino qué expectativas empieza a anclar.
Esta semana deja una señal clara: el mercado ya no solo descuenta datos, sino cómo se reordena el poder global.
La Board of Peace, la tensión con Europa por Groenlandia y el reinicio del diálogo entre EE. UU. y China apuntan a lo mismo: menos consensos automáticos y más decisiones estratégicas que redefinen alianzas, comercio y riesgo.
No es un entorno para reaccionar a titulares, sino para distinguir qué movimientos cambian las reglas y cuáles solo generan ruido.
Gracias por leer con criterio y mirar el contexto completo.
Un abrazo mi querido amigo cripto,
Nos leemos pronto nuevamente.
Carlos




